Quiero treparme a una nube de caramelo
respirar con todos los capilares,
soñar aquel sueño que nunca acaba.
Componer al compás de mi presión sanguinea
que se altera cuando la primavera entra en mi ventana
y en todas las cosas, que nadie ve, que todos sienten.
Pasarte a buscar por el trabajo con mi mejor camisa,
susurrarte al oído que todo estará bien, mientras cruzamos la avenida
y cambiar de piel, dejar la armadura en el camino,
dejarme sedar por tus andares y tus manos:
dejarme querer y ser querido.
Descansar por una vez sin pesadillas
después de haber trazado un mapa en tus caderas
y sonreír al despertar, viendo que nada cambió.
Preparar café, perfumar en vecindario
y no sentirme un bicho raro
y no sentir el peso del mundo sobre mis hombros
y toda esa basura que nadie barre.
Mirarte a escondidas mientras te vistes
improvisarte un silencioso ritual de bienvenida,
y fumar el último cigarro de mi vida en soledad.