Ahí viene el lobo!
(Nadie me creyó)
Desperté exhausto,
con la espalda arañada,
el alma hipotecada,
y el corazón en remojo.
La miré sobre mi hombro con un dejo de miedo
aun así me tenía encantado
mientras se vestía, a los pies de la cama.
San Telmo estuvo a punto de bajar las cortinas,
su brillo entre las personas,
resulto un descubrimiento:
sus maneras, sus caprichos,
y la forma en la que me compró.
La noche fue mas bien larga,
se bebió casi toda mis ganas,
y esta mañana no tenía mejor pinta:
Estaba nuevamente hambrienta, al despertar.