jueves, abril 28, 2011

Desayuno


Ahí viene el lobo!
(Nadie me creyó)

Desperté exhausto,
con la espalda arañada,
el alma hipotecada,
y el corazón en remojo.

La miré sobre mi hombro con un dejo de miedo
aun así me tenía encantado
mientras se vestía, a los pies de la cama.

San Telmo estuvo a punto de bajar las cortinas,
su brillo entre las personas,
resulto un descubrimiento:
sus maneras, sus caprichos,
y la forma en la que me compró.

La noche fue mas bien larga,
se bebió casi toda mis ganas,
y esta mañana no tenía mejor pinta:

Estaba nuevamente hambrienta, al despertar.