Que suerte
que aun caiga la lluvia,
y la ciudad lave
nuevamente sus penas,
y que yo me resfríe,
por deambular desnudo
entre los grises,
y la fiebre saque de mi
los versos más huérfanos.
Que suerte
que mi alma,
aun salga por mi boca
tras un suspiro, que suerte
que logre volver
con nuevas canciones
que me arañen la piel.
Que suerte que aun haya razones
para no quemar las naves,
que suerte que aun no te encuentro,
afortunadas las almas,
que viven con sed.