Acabó por ser real
el no esperar a nadie
por que nadie me espera.
Acabó en polvo, silencio, espanto.
Acabó en licor de pobres, dados trucados
Acabó en licor de pobres, dados trucados
escotes berretas, cemento y desidia.
Acabó por desvelarme
aquello que nunca tuve
para ponerme de rodillas, desnudo,
bajo una lluvia de junio.
Noches largas, días ordinarios,
fue peor tu remedio, que mi enfermedad:
esa de quererte hasta olvidarme,
esquivando todas las señales.
Todo sigue igual.
Nada cambió.
Seguir mirando el cielo desde el suelo
mientras el corazón es una fábrica de nostalgias
que nunca cierra.
Seguir durmiendo en la calle,
seguir ensuciando el alma.
Tiempo impune,
estoy viejo para vivir en estaciones
harto de las benditas despedidas.
Hay razones a las que siempre se vuelve,
hay lugares,
hay personas.
