jueves, diciembre 12, 2013

De musas sin puntos suspensivos

Cargaba nieve en los bolsillos,
y un paraíso oxidado
con flores plásticas, sobre la cama,
harto ya de caminar en los zapatos de otro,
arrastrando una maleta de canciones
y aquella vocación discontinuada
y todas esas tantas huidas.

Me detuve un instante
y pude ver con claridad
la mierda que traga está ciudad
y el desafinado mundo,
intentando armonizar
con bullicio
un atardecer anacrónico y lento.

Nada importaba
brillabas como nácar,
desnuda, impoluta,
en medio de un desierto colmado
de fábulas impertinentes
de almas mugrientas
que no soportan un espejo.

Con saliva, limpiaste todas mis heridas
me disfrazaste de tipo duro y seguro,
arrastrando al vacío, uno a uno
mis puntos suspensivos,
mis miedos fueron pájaros
huyendo a otro nido.

De pronto vivías dentro de mío,
durmiendo sobre mi pecho,
y no hubo tragedia,
que me borre la sonrisa.