Tu reloj se comió mi calendario,
mi corazón, bombeó vida por los dos,
el tiempo justo y necesario,
cuando las palabras desfilaron una a una
hacia el abismo mugriento
en donde mueren las cosas,
y se cerró, como aquellas puertas,
que no conocen de llaves.
Hice de ti una mujer.
De mi hiciste un individuo
que a noche de hoy, desconozco
cansado de buscarse en los espejos
y no ver nada
solo un tipo que no perdió,
por que nunca llegó a tener.
¡No te agobies! no es necesario:
esta ciudad está plagada de tontos
buscando consuelo, en el amor
de un maniqui.
Deberias brindar, en vez de correr
por las causas perdidas,
por el miedo y la sed
por intentar aunque sea,
no acabar como los demás.
Los hombres van a la guerra
mientras las mujeres la hacen.
Tendré bajo mi almohada,
cartuchos de munición
por si una tarde de estás,
la venda se corre,
y se declara la paz.