lunes, junio 11, 2012

Lunes


Es lunes y hace frío. Buenos Aires me mira de reojo, mientras escucho Not dark yet.
Tomo cafe y fumo, mientras miro por la ventana al mundo y su movimiento. Nada es estático. Nada carece de sentido.
Esta semana será larga, pensé esta mañana cuando bajé a comprar el diario. Estoy a punto de tocar el suelo con los pies y eso se traduce a sentir sobre mi cuerpo las horas y los días tal y como son. A sentirme una pieza más de un rompecabezas imperfecto.

Pienso en el amor y al parecer el amor no piensa en mi. En estos días el amor es cobarde y desdentado. Monocromo y lejano.
Pasó mucho tiempo revoloteando como una mosca sobre mi, hasta hacerme sentir que ciertos errores podían llegar a ser deliciosos. Hoy no se atreve a tocar mi puerta, y con un dejo de capricho tampoco me da permiso a que vaya a tocar la suya. Es irónico como el ser humano complica o rompe siempre de una manera casi inexplicable aquellas cosas simples, y el mundo que te espera detrás de ellas.

La casa está vacía. Aun plagada de cosas la noto más fría que cuando la alquilé hace unos meses.

Ayer compré una silla, en aquellos grandes almacenes que venden de todo para el hogar. Me tomé el tiempo para sentarme en todas las sillas en exposición.
Observe los tamaños, los respaldos, el apoyo y las texturas de los materiales.
Encontré, al fin, la última de su clase. No quedaban mas. Estaba sola, escondida entre otras. Fue una especie de señal luminosa difícil de explicar.

Voy a estrenar mi silla: Voy a sentarme a esperar.