Me gusta el durazno
y no soporto la pelusa.
Quiero celeste y no acepto que me cueste,
y las espinas de las rosas,
y la letra pequeña del contrato.
No quiero la tormenta
que antecede a la calma
no quiero ser la guinda del asunto
ni sacar numero, ni agendarme,
no quiero el consuelo de los tontos:
no soy uno de ellos.
Quiero desayunar preámbulos,
previas, protocolos.
Dejar con el culo al aire
a los que promulgan el que dirán
forzar los errores forzados,
patear calendarios,
vestirme de creyente y abstemio
de paciente y de cordero
para no morir en el intento
de buscarte a todas horas,
en todas las cosas.
Te quiero ya: aquí y ahora, toda,
desnuda, beoda y loca
bajo las baldosas de mi alma.
