Me esfuerzo con buena letra
como aquellos buscadores de oro, sin descanso
con esa constancia que promulgan los relojes
como un miembro más de este oxidado engranaje,
alineado y perseverante. Decidido y complaciente.
Pero basta sonido de tu respiración, detrás mío,
o aquel perfume tuyo inundando el ambiente,
y esos mecanismos, esas maneras de comerte el mundo,
esa altanería, y ese taconeo que pisotea a los incredulos,
para escaparte de aquel cajón en el que duerme
todo aquello que creí olvidado, vencido.
Para barrer con tu boca, la mía
destrozando con tus piernas mi paz,
y tirarme nuevamente a los lobos,
desnudo y en invierno.
