Arden las horas, se extingen como cerillas
mueren los días en el campo de batalla,
no hay justicia para los amaneceres y el sol,
los atardeceres y una luna desdentada.
Respiro profundo y entra en mi el mismo aire
que otros disfrutaron
y se ensancha mi fuelle, y todo mi cuerpo trabaja
sin pedirme el más mínimo permiso
Mientras sigo observando, todo este film surrealista
carente de principio o descenlace
y caigo en la cuenta
que aun espero algo que no llego a comprender
y se quita las esposas ese porvenir,
mientras rindo culto al universo escondido
detrás de las pequeñas cosas,
y me fumo las noches, a los pies de la cama,
en la que quiero vibrar, mientras prefieres dormir.
No te esperé, como era de esperar
y despues de dejarte aquella canción en tu contestador
corrí como nunca y comprendí
que el plan nunca fue calmarme
o buscar de normalidad.
No aprendi, todavía,
a tapar el sol con las manos,
el país de las maravillas existe solo en libros,
aunque en esta ocasión mi mundo brillaba
y a su vez era de oro.