Quizás me parta un rayo en plena calle,
o acabe en el mismo punto exacto en el que empecé
y me coman los ojos, un par de cuervos
o los discípulos de la ignorancia ensucien mis ganas
y se oxiden mis arterias por el agua que transportan
o se funda el cielo sobre la tierra.
Quizás la grasitud de la barra de este bar se confiese
ante los poros de mi piel,
mientras mis brazos sostienen mi cabeza,
y se rasgue el último rastro de inocencia que guarde con esmero
mientras se cubre con charlas desdentadas,
caricias temporales, de pieles ajenas
y una acera fría y húmeda
me espere al final del recorrido
despues de huir de una cama extraña
de un sexo extraño
beodo y descordinado
con un sol que me queme las retinas
a las diez de la mañana, y
el mundo ponga nuevamente en marcha
el mecanismo que nos resta dias.
Quizás esta noche sea la ultima noche, o quizás la primera
en la que no te recuerde como debería
y me olvide lentamente al acabar la rutina, que cubre cada madrugada.