martes, mayo 18, 2010

Respirar


Tengo dos cuervos posados en mi ventana,
una luna, un sol en esposé
unas esposas, y unas llaves.
Esta cuidad es una ensalada a la que le sobra vinagre
y esta casa, silencio.
Me encuentro en un espejo que se quedo en el tiempo
saca cicatrices, blasfema y prioriza, y me recuerda
que a veces me alejo demasiado de mí
y tengo que perderme en las arterias del centro,
beberme el orgullo, pagar habitaciones con olor a sexo,
mentir, engañar: portarme mal, para encontrarme.
Hoy me desperté, dejando mi alma en la cama,
comprobé que pocas huellas quedaban en la pared,
solo algunos restos, algunos indicios bajo mis uñas, de tu piel
la ultima vela en mi mesilla se extinguía,
respiré. Volví a respirar
como si olvidarme consistiera simplemente en abrir y cerrar los ojos,
en tragar saliva, en dormir, en ocupar un lugar en esta habitación,
hasta el punto de perder la introducción, el nudo y el desenlace.
Hice un paneo, lento y meditado
y los cuervos ya no estaban.