Mis casi treinta me encuentran trabajando, entre cámaras, redactoras e informativos. En tierras norteñas donde todo se lubrica con sidra, y por genética, las chicas tienen buenos pechos. Estoy en una casa antigua cerca de la playa, con un parque que se disfruta como nunca por la mañana, bajo un árbol, con café por medio. El norte tiene esa paz que se contagia. Es un tanto extraño cumplir años lejos de Buenos Aires. Eso pensaba cuando lo pasaba en Madrid. Lo más extraño es pasarlo trabajando y lejos de Madrid, y de Buenos Aires.
Mis treinta menos uno me pillan entre carretera, llamados y mensajes. Que sería de estas soledades sin los teléfonos y sin internet. De verdad que no me siento lejos. Estas tecnologías se agradecen en momentos como estos. En algún momento tenia que dejar de renegar de ellas.
En fin. Que de corazón y de razón agradecer a todos los que se acordaron de Don Andrés.
Y brindo con sidra por todo lo que vendrá.