la electricidad que me recorre se desgasta,
mientras pongo el tiempo en la balanza
y advierto lo cansado que estoy,
la compresión que pierde el motor:
el que se resiente haciendo que mis fuelles
inhalen y exhalen el aire que nadie regala.
Mientras el cielo en esta habitación no se aclara,
y el deseo no es mas un pedazo de carne,
diferente cada noche.
Es una sed que acaba por bañarlo todo,
alejando el amor a puñetazos,
Cerrando mis ojos bajo llave,
caminando sobre mi espalda como una caricia,
que de madrugada siempre deja marcas.
No hay libertad que no traiga consigo un escalofrío,
un aire de desprecio,
una baraja de naipes marcados, sobre un paño marrón.
No hay libertad que se abstenga de contarme sus penas,
mientras me llena nuevamente el vaso,
me rasga la inocencia que aun conservo,
prometiendo el paraíso, a las seis de la mañana.
Soy solo un eslabón, en esta cadena de errores,
esclavo de un dios soberbio y caprichoso,
llamado ego.