sábado, octubre 25, 2014

Café

Abro un ojo
y no me quiero.
Un rayo de luz me dice que es domingo
y es de tarde.
Estoy sucio y cansado, y mi boca,
que sabe a cenicero
me dice que a nadado en tus vergüenzas.
Vos, despierta y atenta
en los pies de la cama
me mirás: somos estatuas en guerra
y sabes muy bien quien va a levantar
la bandera blanca,
o va a arrojar la primera piedra.
Tus frías manos me despabilan
mientras acabo odiando la rutina de los pobres.
La fiesta acabo en la cama
los fundamentos que me mantuvieron con vida
caen en fila india cuando preguntas
quien será el valiente
que hará el café.