Dias que se resumen en vagones vacíos
en silencios que podrían romperse
con una mísera gota de agua,
aunque aquello signifique
levantar la vista
e incorporarme.
Dejar de ser una sombra
ver que sucede,
esperar que la normalidad
lo cubra todo.
La inercia juega de local e inunda la casa
tarde o temprano gana la banca:
la magia de mi fuerte se desvanece
ante la carencia de movimiento,
solo las cortinas se desmarcan y bailan
con el viento que el rio trae.
Todo pasa, y de pronto entiendo que paso de todo.
Saco a escobazos los debería, necesito y los quizás
para echarme en el sofá sin condiciones
dejando que el cansancio haga lo suyo,
pensando en que todo tiempo pasado
fue mejor, gracias a mi memoria selectiva.
Hoy comprendo que necesito pocas cosas,
o más bien una
y que sin ella no vivo.