Mis genes y mis poros
mis vasos sanguíneos,
mis ventrículos, mis corneas
y las yemas de mis dedos
mueren por atrincherarse
aceptando su condición
junto con mi boca,
mi lengua y mi pecho,
que lleva un agitado año
junto con mi espalda, harta,
de cargar con un saco
de ilusiones cutres.
Parte por parte, caminando en fila
iran lentamente entrando a la armadura,
la misma que me mantuvo vivo, impune
hasta cruzarme contigo
la misma que me espera ansiosa en el placard
enferma de risa, al verme volver.
Tendré que ser este. A fin de cuentas el que siempre fui.
Solo el tipo de la guitarrita y la incoherencia
ahogado en un mar de extraños.
No quedan muchas opciones, no hay donde elegir.
Deseaba el paraíso, deseaba todo aquello
que compré sin siquiera dudar,
que esperé
hasta empeñar alma,
hasta acabar cascoteado, y en el suelo.
Hoy esperan bajo mi portal
besos negros, de bocas negras,
de noches y bares negros
beber hastío, ampliar la lista, quemar vidas,
y mañanas turbias, y las benditas canciones
y la puta anestesia,
y aquella sucia manía
de aceptar lo absurdo.