Como un quinceañero,
con el estomago lleno de grillos,
ansioso, loco y desesperado
inconciente, hiperactivo y sonriente.
Olvido las frases, los versos, las palabras
me quedo en blanco, como si fuese
mi primer día en la tierra
y me siento a mirarte:
puedo sentir el sabor de mi corazón.
Hace tiempo que lo tengo en la garganta,
galopando cuan caballo de elite,
intentando salirse por mi boca,
para meterse en tu bolsillo.
Todo va a estar bien, me dice Pablo
nada puede ser mejor, confiesa Andrés.