Corren peligro los días de sol.
Arden las últimas horas de luz,
en la ciudad.
Quizás sea el momento de tocar fondo,
ir al infierno y volver con ganas
de encender una hoguera.
Mientras tanto Buenos Aires, sigue igual:
una hermosa dama que te besa y te golpea
con la misma intensidad.
Cae la tarde y es viernes, todos vuelven a sus casas
brilla en Barrio Chino, entre luces de colores
Mientras me esfuerzo en entender aquella felicidad
me esfuerzo por no morir en el intento
de ser un hombre simple, un tipo discreto,
un alma sencilla.
Cierro las cortinas y dejo fuera de mi vista el horizonte
y aquel río que ya no logra calmar mis arritmias
de bicho raro, de poeta desteñido.
Suena el telefono y hablo con tu boca
sal y pimienta, azúcar y miel
cuelgo y recuerdo que no todo esta tan mal
quizas queden aun algunos días de sol.