No vine a este mundo a sufrir,
ni siquiera a soñar:
Me declaro vencedor si logro, al menos,
seis horas de sueño corridas.
Tampoco vine a esta ciudad a ser un gracioso,
ni a cumplirle los caprichos en una cama
a un manojo de locas de corral,
ni a que me arranquen la piel,
ni que me vendan por partes,
los payasos de turno.
Vine a todo y no vine a nada,
Solo a improvisar con buena letra
la banda sonora de esta ensalada
pasada de aliño:
Mirar y tomar nota
de las noches ebrias de vida
y arañazos en la espalda.
Existencialismos aparte no vine hasta aquí con grandes fines:
me roba una sonrisa la idea de dejar huella en los protagonistas de mis días.
Quizás, de esa manera, todo cobre sentido
pedir de mas es fabular, y ya no estamos para cuentos.
El arte de gastar vida, solo es para gente real,
basta pellizcarse para comprobarlo.