Que le den a los relojes,
que la memoria viole al calendario.
Que cuatro matones
machaquen al destino
hasta dejarlo sin ganas.
Que desaparezcan las canas,
las tildes, los puntos suspensivos,
los coeficientes intelectuales
y el incompetente de Cupido
caiga en picado desde una nube.
Que el horizonte se deje manosear,
y todas mis verdades conquisten escotes,
y los infieles florezcan en otoño,
mientras el amor duerme de por vida
en camas de hormigón.
Que cojan gripe las despedidas,
y colonizemos al país de las soledades,
mientras entiendas que mis silencios
son mas honestos que mis canciones.
Aun te olvido, ama sin casa,
cuan Lazarillo a sus amantes,
una vez cada ocho horas,
por prescripción existencial.