Anoche volví a estrenarme en un escenario porteño. Estaba aterrado y algo oxidado. La gente había venido a escuchar y a ver de que se trataban las canciones, y ahí estabamos. Sin prueba de sonido, por que no había tiempo y había que empezar. Y empezamos.
La primera canción fue una especie de operación sin anestesia. Sentí una especie de urgencia. Una artrosis prematura en mis dedos, y sentía que no iba a ser capaz de emitir palabra. Pero la noche fue Judak & Paillet, y Leo me empujo, me dio un cachetazo en la nuca en forma de acordes y voces. Brillamos a nuestra manera y nos estrenamos como unos campeones del buen entendimiento y la improvisación medida.
Las canciones pasaron, cada una, especial y únicas. Las sorpresas iban cayendo como pedrada. Salieron cosas curiosas e irrepetibles.
Cuando quisimos darnos cuenta estábamos dandolo todo. La gente lo vio y disfruto con nosotros. Fue el primer concierto juntos. Mi primer concierto en Buenos Aires después de muchos años. Todo ese valor añadido se dejó ver y tocar.
De pronto se acabaron las canciones. El tiempo se nos voló. El repertorio fue corto. El publico se quedó con algo de ganas, y eso siempre tiene su aquel.
Good feeling para un comienzo semejante.
Después.. Post concierto fraternal y cervezas en serrano. Poco mas se puede pedir.
La ensalada musical de dupla calavera ya tiene forma. Lo propio es que ahora todo el que quiera, la pueda probar.
Salud!