Causa y defecto.
Errores forzados.
Me muerdes los labios,
muero en el intento.
Acabé agotado de alimentar noches y amaneceres
con pieles que no quitan la sed,
con el consuelo de los tontos
por que en tu vecindario el roto y el descosido
ya no apagan incendios.
De canciones que comienzan y terminan en la cama
de una soledad pedante y caprichosa, que no cae
en doce asaltos
y la letra pequeña de un desengaño ya amortizado
y un ticket firmado por otro exilio, con un corazón
durmiendo en las cajas de mi mudanza.
Aun no resuelvo el crucigrama en el que el tiempo
siempre tiene de aliado a los relojes
Sigo tropezando con las mismas montañas.
Respiro y resuelvo
empezar desde cero
-a la izquierda
