A veces hay que saber callarse
para decirlo todo,
saber cuando dar el paso, o cuando resbalar
contando hacia delante o hacía atrás
pensando que a veces las cosas simplemente pasan
y otras no.
A veces es mejor retirarse para seguir vigente
mojar algunas sabanas para crear un recuerdo
pedir la ultima copa de la noche aunque suponga
el desvario
intentado perdurar en la conciencia ajena.
A veces mejor dejar en tablas la partida, disfrutar el privilegio del empate
brindar con agua, y omitir los deseos,
buscar de reojo la salida de emergencia.
Cerrar los ojos, para verlo todo
buscar en la piel ajena un perfume familiar
unos labios, unos senos, unas piernas de tijera
y la sal del sudor.
Y otras veces conviene abrir las ventanas,
para que nuestras almas vayan a donde quieren ir
por que a veces, y solo a veces entendemos todo
con una claridad que eriza los sentidos,
y nos sentamos sobre nuestros hombros, y nos vemos
cobrando un sentido absoluto.
