Destellos. Suspiros, sonrisas que lo dicen todo,
aprendizaje que deja huellas, cálidas,
recuerdos que no tiene fecha de caducidad,
las manos, las que dimos, las que estrechamos.
Son nuestros cuerpos más débiles que una cerilla,
que día a día se consume con el fuego de la vida,
y no está mal.
Es nuestra breve manera de pasar por el mundo,
de dejar marca en quienes queremos,
en quienes nos quieren,
en los que alguna vez nos vieron pasar o escucharon sobre nosotros.
Somos frágiles y nos partimos,
esta vida no viene con manual de instrucciones,
son nuestras formas, nuestras maneras de pasar por el mundo,
de no perdernos nada, de vivirlo todo,
algunos dejan rastro, otros pasan sin dejar la más mínima huella.
Y es ese rastro, el que los mantiene vivos en los otros,
cuando ya no están,
El que hace que sirva de ejemplo toda esa vida,
toda esa sabiduría que vida a vida se transporta.