
Hacia un poco de frío, y tuve que sacar una pesada y oxidada cadena de la vieja puerta para poder entrar al local.
Aun estaban algunas mesas. Estas típicas pequeñas donde la gente solía sentarse a tomar café, a contarse sus cosas, y hasta verme cantar, en el pequeño escenario rojo.
Escenario que había dejado una pequeña marca en el suelo, que solo se veía si uno se acercaba lo suficiente.
El aire pesaba en el pequeño lugar. Se notaba que hacia mucho tiempo que nadie entraba ahí. Había cosas que parecían haber sobrevivo al bombardeo del abandono. Aun colgada un cuadro pintado por uno de mis amigos, en una de las paredes. También se dejaban ver algunas copas, tazas de café y los carteles de los pequeños espectáculos literarios y musicales de los últimos meses antes de la defunción.
Es extraño, pero más que pena sentí gratitud.
Quitando el polvo que todo lo cubrió me senté en una de las sillas, como lo hacia antes, mientras escribía y bebía cervezas que venían con un maní que siempre quise comprar por kilos. Por un momento sentí la sensación de nervios naturales que me acosaban antes de comenzar mi actuación, las charlas ajenas y los aplausos del pequeño grupo de personas que llenaban el diminuto lugar. Las canciones de aquella época. Parecía que todo seguía ahí. Parecía que nada había cambiado. Aunque estaba en ruinas.
Si las paredes de este sitio hablaran estoy seguro de que contarían infinidad de historias. Testigos de tantas noches, y amaneceres, de mi adolescencia, de tantos triunfos personales, de tantos encuentros y desengaños.
Es increíble lo que el paso de los años sugiere en las cosas que tanto quisimos. Intenta, de alguna manera, llevarse el recuerdo que mas felicidad nos ha dado y basta una tarde como esta, para colarse, romper una cadena, y volver a sentirnos como ayer.
Dedicado al Bar Aquí nomás.
Aun estaban algunas mesas. Estas típicas pequeñas donde la gente solía sentarse a tomar café, a contarse sus cosas, y hasta verme cantar, en el pequeño escenario rojo.
Escenario que había dejado una pequeña marca en el suelo, que solo se veía si uno se acercaba lo suficiente.
El aire pesaba en el pequeño lugar. Se notaba que hacia mucho tiempo que nadie entraba ahí. Había cosas que parecían haber sobrevivo al bombardeo del abandono. Aun colgada un cuadro pintado por uno de mis amigos, en una de las paredes. También se dejaban ver algunas copas, tazas de café y los carteles de los pequeños espectáculos literarios y musicales de los últimos meses antes de la defunción.
Es extraño, pero más que pena sentí gratitud.
Quitando el polvo que todo lo cubrió me senté en una de las sillas, como lo hacia antes, mientras escribía y bebía cervezas que venían con un maní que siempre quise comprar por kilos. Por un momento sentí la sensación de nervios naturales que me acosaban antes de comenzar mi actuación, las charlas ajenas y los aplausos del pequeño grupo de personas que llenaban el diminuto lugar. Las canciones de aquella época. Parecía que todo seguía ahí. Parecía que nada había cambiado. Aunque estaba en ruinas.
Si las paredes de este sitio hablaran estoy seguro de que contarían infinidad de historias. Testigos de tantas noches, y amaneceres, de mi adolescencia, de tantos triunfos personales, de tantos encuentros y desengaños.
Es increíble lo que el paso de los años sugiere en las cosas que tanto quisimos. Intenta, de alguna manera, llevarse el recuerdo que mas felicidad nos ha dado y basta una tarde como esta, para colarse, romper una cadena, y volver a sentirnos como ayer.
Dedicado al Bar Aquí nomás.